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¿Funciona el Método de Negociación de Harvard en Argentina?

¿Funciona el Método de Negociación de Harvard en Argentina?

En un “post” anterior hice una introducción al Método de Negociación propuesto por la Universidad de Harvard. Este método es utilizado en todo el mundo para negociar y resolver conflictos de distinta índole. Sin embargo, escuché en diferentes ámbitos, muchos de ellos académicos, que el método de Harvard no puede ser aplicado en Latinoamérica y mucho menos, en Argentina.

A esta conclusión se arriba, porque muchos estudiosos y expertos en materia de negociación, opinan que para los latinos y en particular para los argentinos, tradicionalmente temperamentales, resulta imposible separar a las personas del problema.

A raíz de esto, quiero comentarles mi experiencia al respecto.

Mi formación

Como habrán podido observar en mi post “Acerca del autor”, conocí el Método de Negociación de Harvard en Argentina, gracia a la excelente explicación teórica y práctica dada por profesores de la Universidad Católica Argentina.

Entre varios de los casos en los que me tocó trabajar recuerdo particularmente uno, y lo tengo tan presente porque cuando asistí a un seminario en Harvard, trabajamos sobre el mismo caso.

Es cierto que los argentinos somos temperamentales por tradición, y por lo tanto, nos cuesta sobremanera “separar a las personas del problema”, pero durante las clases de negociación en Argentina, si bien el inicio fue arduo, tuvimos que trabajar muchísimos en las recomendaciones dadas por Harvard para poder finalmente arribar a un acuerdo satisfactorio. Hubo al comienzo peleas, lucha por posiciones, falta de predisposición para escuchar y ponerse en el lugar del otro, pero se pudo sortear todos aquellos obstáculos y lograr una solución beneficiosa para las partes.

Program on Negotiation de Harvard Law School

Martín López Delgado en el Program on Negotiation de Harvard Law School

Mi experiencia en Harvard

Como les decía, cuando estuve participando de uno de los seminarios del “Program on Negotiation” de la Universidad de Harvard, tuve la oportunidad de trabajar sobre el mismo caso, pero esta vez, con ejecutivos estadounidenses.

En principio, uno podría pensar ¡que mala suerte, tocarme el mismo caso que trabajamos grupalmente en Argentina, es un verdadero desastre!, sin embargo, la experiencia fue realmente enriquecedora.

El comienzo fue totalmente diferente, hubo desde un principio predisposición a la escucha activa, se ponían muchas veces en el lugar de la otra parte y mostraban un permanente interés por alcanzar un acuerdo justo y beneficioso para las partes.

Lo curioso es que si bien, el proceso y la negociación propiamente dicha, para llegar a un acuerdo fueron totalmente distintas, las soluciones alcanzadas fueron muy similares. Es cierto que en el “caso argentino”, costó más lograr la colaboración de las partes, pero justamente allí fue donde más se debió hacer incapié en las recomendaciones de Harvard.

Otras situaciones

En otras oportunidades, por cuestiones de estudio o por capacitaciones que he tenido a cargo, he tenido contacto con personas de culturas totalmente diferentes, desde australianos y neocelandeses, pasando por chinos, japoneses e hindúes, hasta latinoamericanos y europeos, y tengo la convicción que el método trasciende las fronteras de una cultura determinada, porque se basa primordialmente en una premisa básica para la humanidad, a cualquier persona le gusta sentirse “bien tratada y escuchada”.

Conclusión

En mi experiencia personal, el método de Harvard funciona, no sólo en Argentina sino también en diferentes países del mundo, sólo que en algunas oportunidades es necesario observar detenidamente el panorama completo y plantear estratégicamente las acciones a seguir para adoptar un estilo de negociación apropiado a la cultura del lugar.

Quiero finalizar con la enseñanza dada por una profesora, a la que considero una referente en este materia: “Aplico el método de Harvard siempre y, en determinadas ocasiones, necesito plantear estrategias que me permitan lograr en la otra parte una predisposición a la colaboración, para lo cual muchas veces debo estudiar la historia personal de las partes que participaran en la negociación, y conocer su bagaje cultural. De ese modo, cuento con más herramientas para ver la realidad desde sus zapatos”.

 

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    2 Comentarios

    1. Excelente sitio, Martín, felicitaciones.
      Y muy interesante desmitificar eso de que el Método de Harvard no funciona en argentina. El método es tan amplio que cada uno pone en él sus propias habilidades pero también sus prejuicios y dificultades.
      En mi experiencia varias de las personas que lo criticaban no estaban buscando una manera de negociar o resolver los conflictos sino una manera de vencer a un “enemigo” al que habían demonizado tanto que no se animaban a negociar con él. En otros casos directamente no conocían bien el método y hablaban en base a fantasías propias.
      Yo he tratado de difundir sus virtudes tratando de argentinizarlo si se me permite el término… acá te copio una nota que publique con esa intención. Te mando un gran abrazo y que siga el buen trabajo!

      ¿Se puede ser buen negociador y buena persona?

      Suele entenderse a la negociación como un proceso del cual resulta un ganador y un perdedor. Ante una persona cuya posición está totalmente enfrentada parece haber sólo dos caminos: ceder o hacerlo ceder. Sin embargo, la creatividad puede crear valor para ambas partes. El interlocutor que proponga este camino será percibido como un socio deseable.

      *Por Francisco Ingouville

      La palabra negociación tiene mala imagen. Se asocia a manipulaciones, traiciones, intereses mezquinos… La misma palabra “negociado” sugiere un ilícito. Sin embargo, todos negociamos desde que nacemos hasta que morimos. Bien podría llamarse “construcción de consenso” y sonaría mucho mejor.

      Lo que mata es el supuesto

      Los supuestos que tenemos sobre la negociación a menudo son profecías autorealizadas. En una buena negociación se crea valor, pero si suponemos que sólo se lo distribuye, entonces sólo se distribuirá, porque no haremos ningún intento de crearlo.

      De una buena negociación las partes salen en mejores relaciones que antes, pero si suponemos que lo único que está en juego es el dinero y el otro es enemigo, entonces es difícil que eso ocurra.

      En una buena negociación hay confianza y por lo tanto abundante intercambio de información, de manera tal que cada parte entiende los intereses de la otra, su situación, sus necesidades, deseos, temores y preferencias. Así, se puede ampliar la torta a repartir y crear formas de satisfacer los intereses de ambas.

      Saber que es posible

      Algunas personas sostienen que no se puede aprender a negociar, que es algo innato. Quisiéramos proponer la idea de que sean cuales fueren las habilidades innatas, cualquier persona mejorará sus resultados con sólo hacer conscientes los supuestos que le impiden negociar lo mejor posible… y modificarlos.

      Bucay nos hizo notar que se suele atar la pata de los elefantes a una pequeña estaca en el piso. Al elefante le sobra fuerza para arrancarla, pero las primeras veces que lo intentó era muy pequeño, y se convenció de que era imposible… Tiene un supuesto equivocado sobre su fuerza en relación a la estaca. Nunca intentará arrancarla y por lo tanto no lo logrará. Uno es como el elefante si aprendió de chico que en los conflictos unos ganan y otro pierden y por lo tanto ni considera la posibilidad de que todos ganen.

      No ceder, crear

      Es muy probable que una persona que vaya a las negociaciones con actitud de santo pierda todo en poco tiempo. No estamos proponiendo abnegación sino negociación creativa. Usar la imaginación para encontrar maneras de satisfacer nuestros intereses al máximo y los de la otra parte en forma aceptable (de manera tal en que acepte el acuerdo en que nuestra satisfacción está maximizada).

      Ser buena persona gracias a la creatividad

      Ante una persona cuya posición está totalmente enfrentada con la mía parece haber sólo dos caminos: ceder o hacerlo ceder. La negociación creativa propone crear valor juntos y que los dos obtengamos lo que necesitamos. La persona que invita a este camino es considerado un buen tipo por los demás y es un socio deseable.

      Los pasos de la negociación creativa

      Escuchar lo que reclama el otro. Entenderlo y comprenderlo, que no significa darle la razón. Indagar las motivaciones o intereses detrás de esa posición y concentrarse en satisfacer intereses no posiciones. Reglar la relación, crear un buen clima de trabajo con el otro y trabajar juntos en busca de la solución.
      Inventar en equipo muchas posibles soluciones para las necesidades de ambos. Siguiendo las reglas de la lluvia de ideas, anotar todas y separar el momento de creación del de evaluación. Terminada la creación de ideas elegir las que gusten a ambos.

      Sacar los temas conflictivos fuera de la puja personal par no ensuciar la relación: no discutir el número sino el método para que ese número sea fijado por algún criterio legítimo ajeno a las partes, un criterio objetivo o un tercero imparcial elegido por ambos.

      Una vez bosquejado un acuerdo ambas partes tienen que fijarse si es mejor a lo que podrían obtener en otro lado. Si no es mejor, no acordarán y adoptarán aquella otra alternativa solución.

      El buen tipo se va para arriba

      El negociador creativo nos cae bien porque nos escucha y nos ofrece, más que un tironeo, una relación de trabajo para beneficio de ambos. En ese proceso nos valora como socios y nos ayuda a que demos lo mejor de nosotros. Separa las personas del problema: es duro con el problema y blando con la personas. Nuestra relación sale fortalecida. La confianza mutua es un capital y será útil en el futuro. Aún en los casos en que no se opta por no acordar, se hace tas abundante comunicación y de común acuerdo.

      Cuando un negociador creativo es parte de una organización, los demás suelen contribuir a que le vaya bien. Todos preferimos que ese tipo de gente (y no el otro) tenga poder. Nos da seguridad. Y colaboraremos para que lo adquiera, hablando bien de ellos, contribuyendo a que sus proyectos tengan éxito. Allanándole, en lo que podamos, el camino.

      Ser latinoamericano tiene su beneficio

      Los latinoamericanos tenemos una ventaja en cuanto a creatividad, en relación a países más serios. La constante adaptación a circunstancias imprevisibles, ha desarrollado en nosotros una capacidad de innovación mayor. Nuestra forma de manejar, constantemente alerta a lo que pueda ocurrir y preparados para esquivar un conductor desquiciado, un bache, un caballo o algún otro imprevisto es una metáfora de nuestro estilo de vida. Los choques de decenas de coches en fila que ocurren con frecuencia en autopistas de países desarrollados, no son tan comunes en nuestro país. No porque manejemos mejor sino que estamos más preparados para inventar soluciones no programadas. También es cierto que ponemos más corazón en las relaciones interpersonales. Eso puede ser bueno, la mayoría de las veces.

      La negociación creativa, un lubricante

      Vista desde arriba, una organización puede asemejarse a una máquina llena de piezas en movimiento, engranajes y poleas. Como en el motor, en la organización hay fricciones. La negociación creativa, reduce el roce, produce mayor eficiencia, menos desgaste y rotura de piezas, y mejores resultados. Si pensamos que las piezas representan a las personas hay un beneficio adicional que da sentido a todo: con negociación creativa las personas son más felices.

      *MPA Harvard University, socio de Ingouville, Nelson & Asoc. Autor del libro “Relaciones Creativas ” y coautor de “Mejor que la mayoría” con Lawrence Susskind.

    2. Muchas gracias Francisco por tu comentario. Gracias también por la generosidad que tuviste en compartir tu nota con nosotros.

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