El rol de las percepciones en los conflictos

“Un conflicto que no se atiende,
reduce generalmente la eficiencia y puede tener un efecto perjudicial”

En todo grupo donde las persones debemos relacionarnos, ya sea por cuestiones sociales, familiares o laborales, se van a producir conflictos, atento estos últimos son originarios de los seres humanos, no por nuestra condición de personas, sino por nuestra tendencia a relacionarnos unos con otros. Los seres humanos, en nuestra relación con un otro ponemos en juego diversos tipos de interpretaciones que dependerán de la cultura, el sexo, la experiencia, la nacionalidad, la religión, etc. Y de las interpretaciones que realizamos dependerá el tipo de observador que somos.

Es que los seres humanos como observadores, interpretamos y/o percibimos la realidad del día a día, de acuerdo al prisma con que vemos y/o escuchamos nuestro mundo,  y de acuerdo a esa interpretación generamos acciones, las cuales nos acercan o alejan del resultado deseado.
[box]

Observador  >  Acciones > Resultado

[/box] Uno de los principios del Coaching Ontológico es que “No sabemos cómo son las cosas…, solo sabemos cómo las observamos o como las interpretamos”.

Cuantas veces nos proponemos una meta u objetivo. Por ejemplo solucionar un conflicto con una persona importante para nosotros… y no lo logramos. Realizamos la misma acción  una y otra vez… llegando al mismo resultado.

Ahora bien, si nos enfocamos en identificar claramente el tipo de observador que somos, para luego ampliar nuestro rango de percepción y ampliar nuestras acciones, tendremos una variante de posibilidades para lograr el resultado que deseamos.
[box]

Observador  > Percepción  > Acciones  > Resultado

[/box] La palabra problema y la palabra conflicto van de la mano, generalmente con una carga negativa. Los problemas y/o conflictos personales, familiares y laborales más frecuentes son producto (la mayoría de las veces) de una incapacidad en el manejo de nuestras relaciones. A su vez, la calidad de todas nuestras relaciones depende de la calidad de nuestras comunicaciones.

Existe una relación directa entre las conversaciones que realizamos y los resultados que obtenemos.

Moralmente hablando, el conflicto es neutro, simplemente sucede, no es malo o bueno en sí mismo. Los conflictos son parte de nuestra vida y una gran fuente de aprendizaje.

Si revisamos los motivos que generan los conflictos en nuestras relaciones, prevalecen, entre otros, la confusión entre los hechos (afirmaciones) y las opiniones (juicios). Es decir, cuando las personas presentamos nuestra percepción (interpretación) como si fueran verdades absolutas, es imposible operar con efectividad y respeto mutuo.

Las conversaciones se vuelven una lucha por tener la razón, y el nuevo objetivo es demostrar que nosotros estamos en lo correcto y que los demás están equivocados. De esta manera, sin resultados positivos, terminamos solo dañando la relación con una determinada persona.

El cerebro emocional, ante esta situación, consigue que dejemos de pensar para salvar nuestra identidad personal. Y al intentar salvarla, se dañe la identidad del otro. Lamentablemente, el resultado es el contrario al objetivo primario.

Pero si ampliamos nuestra percepción, modificando el observador que somos, seguramente llegaremos al resultado u objetivo propuesto en un inicio.


Luis García Biagosch
Abogado – Especialista en empresas familiares – Facilitador Ontológico.

 .

1 comentario

Deja un comentario